26.2.08

viaje al fin de la noche


fue entonces cuando nos pusimos los abrigos viejos y las botas de suelas gastadas, cuando las corbatas y los puros que llenaban el salón de invitados nos dieron igual, porque lo importante era el mar de canapés expuesto con primor y alegría en uno de los laterales. 


Me diste un palillo con la mayor naturalidad del mundo, como si nos pasáramos la vida en fiestas a las que no habíamos sido invitados. (...)

No hay comentarios:

Publicar un comentario