13.7.08

la pecera




una habitación desordenada y sin ventilador. Suena alguna canción amable de Adam Green mientras bebe café frío de conbini y mira toda la ropa que está tirada en el suelo como la única prueba de las últimas dos semanas. 

desde la primera cita inocente en la estación hasta la última noche de confesiones a medias, un breve repaso, que resulta decepcionante por corto, por falta de color.
 ahí quedan los aviones y las habitaciones de hotel. La enorme pecera al norte de la isla viendo ondear a las rayas. Luego Tokyo, que también es una pecera, esta vez alegre por el calor que se siente al callejear en moto y por los amigos cansados, sonrientes que se quedan un rato más . Cante de cádiz-mogollón en nocturnidades extrañas que hablan de la luna reflejada en el mar oscuro. Cierro los cajones, centro las figuras.

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