18.1.10





“I respect Cambodia because they don't have what they have in Thailand. They even sell their little daughters to disgusting old men down there”. Hablaba así, al vacío, mientras quemaba una pasta viscosa en una cuchara, la habitación como un vertedero de botellas vacías y manchas informes en la moqueta. La bailarina de striptease saliendo de la ducha, “mi princesa” la llamaba. A mí se me había subido todo a la cabeza y empecé a hablar en español. Tenía que salir de ahí.  El peor viaje en autobús que podría haber tenido en años lo pasé durmiendo al lado de un niño gordo que olía a almendras con chocolate. Sonaron canciones durante una hora y cuarenta minutos, pero ninguna que se ajustara a todas aquellas imágenes grabadas en video. 


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