13.6.08

abbandonatti



tarjetas sin rostro llegadas de mi ciudad natal, el rector de una prestigiosa universidad, un zapatero, un dentista, amigos de conocidos, ojos tristes y oscuros, agujeros por los que colarse.
salto en espiral con un billete gratis a Duwait para ver la nieve artificial que han puesto en medio del desierto. viajes a Egipto para fumar haschis y volver a casa, a comer como en casa, a recuperar las llaves y las maletas.
Cactus de Almería directos al lóbulo frontal en diapositivas medio formato y cámaras antiguas.
clases de karate para ancianos, demasiado estrafalario este paso lateral para fundar un restaurante imaginario junto al taller de motos, con accesorios y engranajes para cincuentones japoneses, con zumos para las jovencitas que se ríen insoportables con sus encajes y zapatos de charol.
sonrisa pintada ante la imposibilidad de huir a la francesa, trescientos libros de texto y millones de yenes en mis manos vacías que han conducido coches alquilados por riscos sin farolas a las dos de la mañana a ritmo de wadaiko-ventrículo con la sangre más caliente que nunca.

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