4.1.11

take-out



En la foto se podía ver a aquella australiana de acento incomprensible posando junto a un gato mugriento, un gato que quería huir de los cariñitos que sucederían a la toma de la instantánea. Un gato indefenso, vendido por cuatro latas de atún. La australiana, además de su amor por el gato, sentía fascinación por los arcoiris dobles y por la cerveza de raíz. Podríamos meterla en ese grupo desconocido de gente que vive en casas con moqueta y árboles de Navidad gigantescos, familias enteras con gafas de culo de vaso y espinillas en las orejas, amantes de las compras compulsivas los domingos en el mall y de las comidas precocinadas. A pesar de todo, se puede ver una postal de Monet abandonada, un azucarero traído de Japón; pequeños resplandores del misterio de las cosas. No todo está perdido, Judy Gregory. 

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