3.6.11

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-¿Cuál es tu libro favorito?

Vaya pregunta. Depende de a qué se refiera... ¿Mi libro favorito hoy o el de todos los tiempos? ¿Uno que me haya cambiado o con el que me haya reído a más no poder? ¿El que más recuerdo, o del que he imaginado películas enteras?  ¿Cuál? 
No tengo un libro favorito. Desde que aprendí a leer han sido muchos los que han significado algo para mí. 
Me gustan mis primeras lecturas por ser las primeras: los cuentos infantiles o las historias fantásticas de Michael Ende, El Señor de los Anillos, porque se lo leía a mi hermano pequeño para despertar en él algún interés por la lectura (esfuerzo en vano que tampoco funcionó cuando le regalé Trainspotting e Historia de las drogas por su cumpleaños) y todos los de Graham Green y Roald Dahl, Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas, qué sé yo, los clásicos. También los que nos hacían leer en el colegio como El Camino, El Quijote y la  Antología Poética de Antonio Machado, entre otros muchos. 
Luego están los de la juventud como El guardián entre el centeno, Anna Karenina, Crimen y castigo, On the Road, Historias de Cronopios y de Famas, Cien Años de Soledad, La Conjura de los Necios, La Metamorfosis, La verdad sobre el caso Savolta, Madre Coraje, El extranjero. 
Los puedes catalogar de muchas maneras, por viajes, teatro, poesía, terror, los americanos (norte y sur, of course) , los españoles, los japoneses (definitivamente un grupo aparte), los de risa, los de adolescentes,... En fin, miles. Me gustan Paul Auster, David Foster Wallace, Celine, Murakami, Edgar Allan Poe, Duras, Capote,  no sé, no puedo elegir. ¿Quién hace una pregunta así? 

- No sé, alguno de Hemingway

Ante su cara de decepción supe que me habían traicionado los nervios, quería decir algo que le gustara, obviamente, pero mi respuesta salió sin pensar, como muchas de las cosas que digo, por miedo a hacerle esperar demasiado y que pensara que no he leído un libro en mi vida. 
Entonces recordé sus conversaciones de desprecio hacia Hemingway por habernos jodido los San Fermines, ya que si el tipo no hubiese sido tan fanático de estas fiestas, los americanos no vendrían a fastidiarnos el siete de julio de cada año. Algo me decía que este hombre no había leído nada de Hemingway. Vale, dicen que Hemingway era un borracho violento aficionado a los rifles  (quién lo hubiera dicho, con esa cara de Papá Noel bonachón que tenía) y El Viejo y el Mar tal vez me pillara en un mal momento, porque no me dijo gran cosa: un viejo y una barca pescando durante horas, aunque la descripción de la carne del pescado y de sus manos rugosas se quedó grabada para siempre en alguna parte de mi cerebro. Hemingway sabía de muchas cosas, de pintura por ejemplo. De hecho, fue el valiente comprador de La Masía de Miró, un cuadro por el que nadie hubiera dado ni una patata (patatas meteóricas que decía Leiris) en la época y por el que ahora pagarían miles de millones de dólares. No era ningún tonto, Hemingway. 
De cualquier modo, yo no estaba pensando en Por quien doblan las campanas ni nada por el estilo. Estaba pensando en París era una fiesta. No sé que tiene ese libro que me hipnotizó. El relato trata sobre un joven pobre que vive en un cuartucho parisino y se gasta el poco dinero que tiene en vino en  la Europa  de Picasso cuando también era pobre, en la época de  la humedad en los huesos y el queso en los estómagos vacíos, cuando estás muerto de hambre y hace un frío insoportable. Son las escapadas a Cortina d’Ampezzo, las mañanas de invierno con sol, la suciedad miserable y los brillantes sueños de un futuro incierto. Pero sobre todo, es cómo huelen las palabras de ese relato corto pero increíble que recuerdo con un cariño especial. 

- Ah, ya veo

De nuevo se demostraba mi imposibilidad de comunicarme, la inmersión en un mundo interior y extraño que siempre me ha caracterizado, tal vez por pasarme el tiempo leyendo libros en lugar de interactuar con la gente y aprender a desenvolverme en sociedad como alguien normal, como una más. 
Me quedé callada sin poder explicar todo esto, era demasiado tarde y a mí me gobernaban las hormonas y el miedo a ser abandonada por mi único amante. 
Le perdí meses después, bajo un tifón y entre berridos que no pensaba que fuera capaz de producir mi organismo, pero esa es otra historia. 
Con el tiempo, recordando ese momento, llegué a la conclusión de que yo tenía aún mucho que leer y de que él ya era un idiota. 

1 comentario:

  1. Vamos a París.
    Excelente relato. Mucho mejor que David Foster Wallace (jajaja). Sin duda alguna, eres la persona más profunda e interesante que conozco. Quiero estar contigo y hablar de libros que huelen, y comer queso con el estómago palpitante de hambre.
    Todo es mierda, chorreante. Y aquí seguimos, disfrutando mucho de la vida esta que nos ha tocado. right?.
    Quiero pies en el río, sangría en el mar, música en coche, estrellas, sol en la cara, risa de llorar, y quiero verte ya de una puta vez.
    MGMT.

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