28.10.11

crossed signals







Not a word was spoke between us, there was little risk involved
Everything up to that point had been left unresolved
Bob Dylan


Tokyo

16.10.11

plácido domingo



Rudeza soviética y kawaismo japonés 
collage




Hacía al menos un año que no le veía. Con el traje de hombre de negocios parecía hasta más alto. Y es que a los veintiséis años ya es tarde para ser soltero en Uzbekistán, así que se casó sin conocer a la novia: un matrimonio concertado y un puesto ejecutivo en una gran empresa de cosméticos en Chiba. Me lo contaba fumando cigarrillos mientras yo me bebía la primera cerveza de las dos que tomaría aquella noche. Horas después, me despedía de golden boy y de la chavalería para emprender con paso tembloroso el camino de vuelta a casa. Con el estómago vacío y una sonrisa mongólica en la cara, no de felicidad sino de puro cansancio, recordando lo que había pasado desde las once de la noche hasta las tres de la mañana:  
Maggie se había caído encima del paralítico y había terminado la noche tirándose al buitre carroñero de Fernán, que siempre está buscando chicas beodas y tristonas dispuestas a caer en sus mediocres estrategias. Luego me perdí en una conversación sin sentido con Melanie, que había adelgazo después de estudiar para los exámenes en Hungría. La música era demencial y el chileno con pintas de heavy resultó ser el vocalista de una banda que sólo componía letras en japonés, uno de los idiomas que peor se adaptan al pop-rock en mi opinión, con lo que cambié drásticamente de tema para hablar del apasionante mundo de la importación de limones en Japón, que vienen en su mayoría de Chile. Esto lo sé porque ahora, en el supermercado, por más buena pinta que tenga una hortaliza, compruebo su procedencia antes de comprarla, ya que participo, en cierta medida, del pánico a la radiación.