1.11.11

everything but the bed



soñé que me había convertido en un perro herido, un perro que parecía un hurón y tenía las uñas ensangrentadas, un dachshund miniatura de pelo largo. el chico me tenía en su regazo y me acariciaba incansable la cabeza, tratando de curarme, una y otra vez, una y otra vez. algunos amigos y conocidos habían llegado ya al local subterráneo donde jaime urrutia daba un concierto de karaoke. un concierto triste y oscuro. la estrategia de ir a la ciudad y volver el mismo día había sido un fracaso porque, literalmente, sólo nos había dado tiempo a llegar a la estación para subirnos de inmediato en el último tren de vuelta. 

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