15.1.12

taxi



La calma de los taxis japoneses no está en sus puertas automáticas ni en el tresillo de salón de abuela que cubre los asientos. El estado de tranquilidad en el que entras al sentarte dentro viene dado de la mano del conductor con gorrita y guantes blancos que te dirige, separado del mundo real, entre las luces nocturnas como si cada día fuese Navidad. 

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