1.8.14

Wallingford dream






Los zombies han cambiado, ya no quieren tu cerebro de inmediato ni babean mientras arrastran la carne pútrida. Todo lo contrario, su aspecto aseado les hace pasar por humanos y, si no fuera por los visibles parches en la cabeza, dudaríamos. Antes del banquete de sesos nos encierran en un cuarto del que quiero escapar a toda costa, pero mis amigos ya se han acostumbrado. Tienen miedo, como yo, pero piensan que la huída sería imposible y en el fondo respetan a nuestros captores. Entre estos nuevos zombies veo orgullosos rostros del pasado que se sientan a mi lado para comentar el carnaval mientras recuerdan en voz alta lo mucho me desprecian.



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