17.12.14

Ono




La señora Ono parecía haber absorbido, por un momento, todos los rasgos de su marido. Había desaparecido su mirada plácida y horizontal plantada en medio de un rostro totalmente redondo y sin demasiadas arrugas para dejar paso a unas cejas crispadas iguales a las de su esposo. Incluso la cara se había alargado un poco. Esto me preocupó y llegué a pensar que el señor Ono quería espiar nuestras conversaciones desde el cuerpo de su señora.

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