20.6.22

PARIS 2

 


Paris-paradis de turistas. Todo lleno. 
Las chicas visten su uniforme de boina, rayas y gabardina. Puedes encontrarlas en Rouje comprando los vestiditos de Jeanne Damas. 
Ríos de gente en el Sena.
Me he pasado la mañana en la Fnac.
Google maps me ha vuelto una inútil. 
Al otro lado del Pont Neuf todo está muerto, todas esas casas centenarias miran con ojos vacíos de ventanas sin luz a calles con algún bistrot cerrado, y eso que es saturday night, baby. 
Él vivía por aquí, lo recuerdo bien. No quería salir a la calle, solo dormir. Sexo por puro aburrimiento. 
El barrio era el mismo lugar fantasma que ahora, nadie vive aquí en ninguna época del año. 
Comimos pizza en aquél restaurante mientras confesaba algo que ya sabía. ¿Seré para él lo que otro fue para mí? Espero que no. 
Todo el mundo va a Les Halles. Hay familias de ingleses y de japoneses con niños pequeños. Les habrá costado mucho dinero traerles hasta aquí para que vean la Torre Eiffel a 35 grados rodeados de gente sudorosa. 


PARIS 1

 


BREDA

Justino, yo las recibo
Y conozco que valiente 
Sois, que el valor del vencido
Hace famoso al que vence

Calderón de la Barca


Te veo en todas partes, a pesar de mi ferviente deseo (por fin) de que eso no suceda. Mi cerebro estúpido me repite que me quieres. Los tres buenos recuerdos que tengo, tesoros de brillo opaco que guardo en un pañuelo muy muy al fondo, es lo único que he podido salvar. Felicidad pura y perfecta, como una pintura antigua, como el oro que brilla en la oscuridad de Tanizaki. 

Adiós, te perdono, me rindo, adiós. 

Pero sonrío al ver tu sombra alargada en la rue des Rossiers. Incluso ahora, cuando pienso en el Sabbath, en una vida antes de ti y en una vida después de ti, encuentro tu negocio justo al lado del que dicen que es el mejor falafel del mundo. Aunque te haya destruido el golem, aunque ahora seas otra cosa. Aunque ahora en mis sueños me desprecies por primera vez en la vida (qué extraño). Ahí estás. Una mota en el ojo. 
No te quiero ver: te bendigo, te mendigo. Fuera. Pero ahí estás, en la rue des Rossiers, sentado en un banco mientras miras a la cámara con esa cara de perrito abandonado que engaña a cualquiera, sonriendo con ternura mientras juntamos los pulgares y esperas a poder dormir la siesta. 



31.3.22

CUATRO BODAS



Se apagó el brillo que había entre tú y yo


Conduzco por la M30 un miércoles a las 13:45 algo anestesiada por la copa de vino tinto y por la emoción del momento. El otro día en el concierto solo podía escuchar los berridos de la chica de atrás por encima de la voz del cantante, así que me sumé al despropósito.


¿Qué sabrán del tiempo las agujas de un reloj?

 

Veinte años desde que conocí a la chica rencorosa con la que no me puedo comunicar, aunque hablemos el mismo idioma.Veinte años desde que conocí a veinte gilipollas que me odiaron primero y me ignoraron  después. Veinte putos años desde que pasé de quedar en jardines colgantes con jubiladas a recibir bofetadas en forma de frases cortantes por el chat de Facebook. Menudos mediocres. Menudos horteras .


No me busques

Estoy perdido en el mapa de tu cuerpo

Si no consigo salir de aquí, estoy muerto

Muerto de sed, tu silencio es un desierto.


Y entre todo el torbellino me voy partiendo de la risa en el coche al pensar en lo ridículo que fue el querer llamar tu atención un día hace veinte años.


No preguntes

Si estoy dormido, estoy soñando despierto

Teniendo pesadillas con los ojos abiertos


Qué desperdicio. Qué pena.


Y no sé ni por qué me rompiste el corazón

Solo sé que tengo miedo de que se esconda el sol

Y que se meta otro cabrón dentro de tu habitación

Mientras que yo estoy aquí escribiendo esta canción.


- ¿Cuándo llegas?

- No sé,  estoy en el tren

-¿Pero cuándo más o menos?

.....

-¿Ya?

.........

Cuando por fin  llegué, alguien se acababa de duchar. Había pelos pegados a la pared del baño y dos cepillos de dientes en un vaso sobre el lavamanos. "Uno para ir de viaje y otro para casa" me dijo mintiendo con descaro, casi recreándose en mi nerviosismo tangible. También dijo "voy a mirar el buzón" y salió a besar a su anterior visitante, que lo esperaba escondida en la entrada. Lo peor vino después, pero no os lo pienso contar.


Mientras que yo estoy aquí escribiendo esta canción de amor

De amor

De amor



Foto: @brigitteenvideo : Juan Muñoz en el Patio Herreriano

Canción: Cupido

24.3.22

ayer

ayer comprobé que

ya lo intentamos pero no funcionó 

y nunca va a funcionar.

ayer comprobé que

hablar bien un idioma no basta,

hay que pensar bien lo que vas a decir.

nadie había cambiado,

fue como viajar al pasado.

ya lo intentamos y no funcionó

¿por qué íbamos a cambiar tú y yo?


14.3.22

JOANIE LEMERCIER.


 

Recuerdo despedirme cerca del puente de la autopista que sobrevuela Roppongi. Salíamos de aquél club de nombre hortera que tenía rejas carcelarias como decoración y que era frecuentado por extranjeros ansiosos por ligar con gente local. 

La luz grisácea de las cinco de la mañana. 

Todos nos reíamos de que hubiera sido una noche sin incidentes (por fin). Yo quería hacer el camino de vuelta a casa contigo, pero dijiste que no, así que te besé en la mejilla, tan áspera como una lija. Olías a tabaco, a chicle de fresa y sorprendentemente a ropa limpia. Estaba tan emocionada que solo podía oír mi propio pulso.

Tu áspera mejilla a la luz mortecina de las cinco de la mañana bajo la autopista de Roppongi. 

7.3.22

頑愚信無比








Nothing is Beyond My Foolishness and Ignorance
Así es, amigos. Siento que estoy frente a un nuevo umbral. Una puerta llena de ojos abiertos y manos que enmarcan bocas diciendo “ooooh”. Una puerta llena también de dedos puntiagudos que me señalan impulsados por el viento de gritos que dicen “antipática, sé amable”. Aunque los oiga debo continuar. El espejo me devuelve una imagen enjuta a la que empiezo a querer por haberme librado de la presión de intentar que los dedos chasqueen y que las bocas sonrían en señal de aprobación. Ya no se puede. Qué alivio. Estoy en ese umbral. Un pie levantado, haciendo equilibrios. Todos me parecéis estúpidos. Yo la que más. 

25.2.22

Fuego


"A menudo solo el fuego nos dota de verdadero espíritu"

Angélica Lidell


De conversaciones recurrentes con una buena amiga. 

4.2.22

Rodalquilar


 «Tengo un tomahawk a mi lado, pero eso no me afecta, si tú me acuchillas más.»


Angélica Liddell

19.10.21

El Golfo, Lanzarote



 
Yo buscaba un romance épico. 
Como una garrapata huérfana que gritaba quiéreme, 
soñaba yo con el amor verdadero, 
con momentos de manga, 
con un torrente abrasador al que agarrarme 
para decir que veinte años de miseria habían merecido la pena. 
Y no veía nada más.
Yo buscaba un romance épico,
pero épica fue la hostia que me metí. 




20.4.21

般若心経

 



No es la primera vez que me encuentro con Avalokiteshvara recitado ante el peligro extremo. 
Primero atónito a manos de un caníbal enamorado de la Iglesia Muerta: gracias Angélica Liddell por el asco y la rabia con piel de gallina. Desde la sala de mandos se me saltaban las lágrimas en señal de admiración. Nunca podré olvidar la fuerza, ni tampoco el apretón de manos que me dio el altísimo atleta, bzzz bzzz zumban las moscas sobre la carne pútrida del culo a medio morder por el señor Sagawa. Ahora, otra vez mu mu myo-yaku mu mu myo-jin  sobre la piel de un ciego descuartizado por un fantasma. 
Carne desprendida del cuerpo, ¿es ese el vacío a través de la compasión? Yo diría que más bien es cosa de locos. 


7.4.21

SUCIO

 



Dicen que Einstein era muy desordenado, pero no pondría la mano en el fuego por el hombre del que voy a hablar. Tal vez fuera un genio, pero lo único que pude comprobar es que era un guarro. Con el tiempo llegué a pensar que tal vez fuera un asesino en serie. De todos modos, es una hipótesis sin mucho fundamento ya que, por lo que había leído, este tipo de criminales suelen ser pulcros y ordenados y él estaba muy lejos de ser Patrick Bateman. 
Lo malo de estar en caída libre es que, o bien te encuentras a personas en tu misma situación, o bien a vampiros que se aprovechan de los pesos muertos que caen al vacío. Tenía los ojos verdes y redondos, una cara armoniosa y el pelo muy corto. También tenía una lengua enorme. Digamos que en otra vida pudo ser un sapo. Coincidimos una noche, me gustó y me fui a su casa. Peso muerto que cae, yo era una zombie triste y cansada pero él tampoco parecía estar mejor, porque vivía en una auténtica pocilga. Pensé que tal vez no tenía casa y que había encontrado esa madriguera deshabitada para pasar un par de noches. En su cuarto no había ni mesa, ni estantería, ni cama: todo estaba esparcido por el suelo sin limpiar sin ningún orden aparente. Las camisetas arrugadas se mezclaban con los libros entreabiertos o colgaban de la pantalla torcida de una lámpara de mesilla, único foco de luz, que permanecía encendida en medio de la habitación. Me extrañó no contraer el tétanos o cualquier infección después de aquella noche y estoy segura de que, de haberme quedado un poco más, habría podido ver asomar los bigotes de una rata por cualquier rincón de aquél estercolero. Mientras me besaba me llamó por un nombre que no era el mío y me entró la risa. Habíamos bebido pero era de esas veces que me encontraba lúcida y serena a pesar de haber deseado todo lo contrario. Después del sexo automático y un breve sueño fui a su ducha para encontrar manchas de moho negro en la bañera. ¿Quién vive así?, por más que estés cansado, salgas, trabajes ¿quién en su sano juicio vive así?. Vino a ducharse conmigo y me abrazó mientras me miraba con ojos de borrego. Fue lo único que me gustó de aquella experiencia, por fin un momento agradable. Un descanso que me pasó factura veinte minutos más tarde, ya en la calle y con ese mal cuerpo que te da el garrafón y la falta de sueño: se despidió para siempre con un “que te vaya bien” que se le escapó entre los dientes expuestos por una sonrisa forzada. No era necesario, pero lo tuvo que decir. Me pareció un detalle sucio, mucho más que el antro en el que vivía. 
Lo bueno de estar en caída libre es que todo da igual, no te sientes diferente a como estabas antes de conocer al imbécil número cuatro. Entumecida sin remedio, estas faltas de gentileza se asumen como pura normalidad. Unas noches más tarde apareció en una fiesta acompañando a un amigo común e intentó volver a insultarme al preguntarme si conocía a alguien que tuviera cocaína. Aunque físicamente le tuviera enfrente, él ya se había despedido, con lo que no pude contestarle. 

22.3.21

ES PRIMAVERA



Pa´ sobrevivir me adentré en el humo 
de tus cigarrillos, 
acabamos hasta el culo. 
Píntame la piel, angelito oscuro. 
Guitarricadelafuente


Todavía, cuando alguien me llama y aparece un número que no tengo registrado en la pantalla de mi teléfono móvil, pienso que eres tú. Por un segundo te imagino en silencio al otro lado. Casi puedo oír tu pulso acelerado e incluso imagino tu respiración. Por un glorioso segundo llego a creer que va a pasar, que volveré a escuchar tu voz diciendo mi nombre. Pero soy yo la que tiene el pulso acelerado al descolgar el teléfono y la voz de un vendedor de seguros, de un médico, de un jefe o de la amiga de mi prima siempre llega para arrastrarme de vuelta a una realidad áspera donde es demasiado extraordinario que sucedan estas cosas. Tardo un poco en superar la decepción y en lograr ser amable con la persona que está al otro lado. Me lleva un tiempo abandonar la fantasía y admitir mi estupidez milenaria. 
En los segundos que siguen a las demandas de quien molesta (¿Buenos días? ¿Hola?) vuelvo a comprobar que no estás y lo que es peor; que nunca estuviste. Lo que me pasó no tiene dos modos de interpretarse,  cualquiera podría entenderlo. Nadie lo recuerda y solo yo imagino maneras de que cambie cuando se da la feliz circunstancia de que me llamen desde un número que no conozco.

14.2.21

UN GATITO



 


Bajaba él por la calle Huertas con el sol en la espalda, coronado por sus rayos como si fuera un dios antiguo. Hasta los charcos parecían apartarse a su paso. Sentado en la terraza pude ver un lunar familiar y apreciar de cerca su traje de superhéroe. Era verano, todo cuadraba en el ciclo perfecto. 

MOSCHETTINA


 Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño 
FGL


Recuerdo desayunar sardinas en El Rastro y un beso inesperado en el coche. 

Recuerdo atravesar la Gran Vía a la velocidad de la luz con miedo a resbalarme con el sudor de mis propias manos. 

Para el chico del limonero no fui más que una mosca de esas que te despiertan de la siesta en verano, pero yo me sentía como el Sastrecillo Valiente. 


PRIMERA BOFETADA

 


Bob Dylan



"¿Te ha molestado que no quisiera pasar San Valentín contigo?". Lo preguntó mientras bajaba las escaleras para beber un poco de agua, dejando las palabras flotando en el aire. 

Estaba desnuda en una cama que no era la suya, sin ningún lugar donde esconderse. Apoyada sobre los codos, pensó que nunca le había gustado esa fecha. Durante los años del colegio, las chicas populares de clase recibían flores, bombones o tarjetas llenas de corazones. Pero ella no era popular, ¿es que no le gustaba a nadie? ¿cuál era el fallo?. 
Todo siguió igual hasta el segundo año de instituto, cuando por San Valentín alguien dejó una rosa roja sobre su mesa. Había sido de las primeras en llegar a clase y ahí estaba el esperado regalo romántico junto a una nota anónima. Estaba imaginando quién podría haber sido cuando vio a Laura, su compañera de pupitre, sonriendo tímidamente tras la puerta entreabierta. Laura tenía anorexia y pasaba algunas temporadas ingresada en el hospital. Ella tomaba los apuntes a conciencia para que así no perdiera el ritmo de las clases. Su mirada triste siempre cambiaba en señal de agradecimiento cada vez que recibía las fotocopias apiladas con cuidado. La misma mirada que tenía justo en ese momento tras la puerta. Lo primero que le dio fue vergüenza, ¿en serio no le gustaba a nadie? a una chica, ¿de verdad?. Tardó veinte segundos en intentar que no se notara su decepción, pero ya era tarde y la mirada de su amiga volvió a su oscuridad habitual. Cuando Laura se suicidó aquel verano, la imagen de sus ojos tras la puerta con media sonrisa de expectación se había convertido en el mejor recuerdo que le quedaba de ella; su mejor regalo de San Valentín. No hubo más. Solía mentir diciendo que las flores y los bombones eran una tontería, que prefería que le regalasen pomelos. Redondos y fragantes pomelos amarillos por San Valentin. Ya puestos a pedir lo imposible… 

La pregunta había tomado cuerpo y casi se podían ver las palabras escritas en el hueco de la escalera : “te-ha-molestado-que-no-QUISIERA”… Supo entonces que estaba encajando la primera bofetada de las muchas que iba a recibir por parte de aquel chico que se empeñaba en demostrar que no le tenía ningún aprecio. No lograba entender bien por qué, tal vez sólo le divirtiera verla triste. No había tiempo para pensar en eso, él subía las escaleras y ella estaba demasiado ocupada en tensar los músculos y apretar el culo para que su silueta luciera mejor,  deseando taparse con las sábanas sin que se notase que quería salir corriendo de allí y desaparecer bajo un montón de ropa, toda la que no llevaba puesta en ese momento. 

- Me da igual San Valentin- contestó. 


5.2.21

Bañeras

 




¿Qué tiene de particular una madre bañando a su hija adolescente para tranquilizarla de una crisis histérica? La escena la he visto repetida en tres películas que, ordenadas de manera cronológica, podrían considerarse un homenaje de las dos últimas a la primera.  

En todas ellas, la hija está a punto de perder el juicio ante una madre represora que la separa de su primer amor. Wilma Dean (Natalie Wood, Splendor in the grass, 1961) acabó ingresada en un sanatorio, Isabelle (Eva Green , Dreamers, 2003) intentó suicidarse a ritmo de aspiraciones de bombona y, aunque no sepamos bien el destino de Suzy (Kara Hayward, Moonrise Kingdom, 2012), bien podría ser trágico. Meterse en la bañera debe ser lo más parecido a volver al útero materno, al líquido amniótico templado y acogedor. Tal vez esas madres intentan desesperadas que sus hijas no crezcan nunca o que al menos vuelvan a la edad en que todavía necesitaban ayuda para ser bañadas. El nacimiento se asocia a estos receptáculos de agua, donde al parecer es más fácil y natural dar a luz. Muchos hospitales cuentan hoy día con bañeras para esto. Del mismo modo, se renace en bañeras más grandes o pequeñas durante algunas ceremonias de bautismo. 


En las bañeras se nace pero también se muere. A nadie le resulta ajeno que sean escenario habitual de suicidio, pequeños pozos donde lamentar penas inconsolables. A veces resultan lúgubres ataúdes blancos, o si no que se lo digan a Natalie Portman en Heat o a Michelle Pfeiffer en What lies beneath. Las penas se ahogan en bañeras y a los monstruos les gusta mucho aprovechar estos momentos entre dos mundos donde reina el silencio que hay bajo el agua. Aunque para terrorífica, la bañera verde de la habitación 237 en el Hotel Overlook, que aún soy incapaz de mirar con los dos ojos abiertos. Marat murió en una bañera, pero en el cine son pocos los hombres que vemos en esta situación. Me acuerdo de que Phil Connors lo intentó sin éxito pertrechado con una tostadora y de que Chas Palmintieri no salió vivo de ella, pero aún así lo que normalmente vemos son mujeres en bañeras. ¿Será para justificar un desnudo? ¿Son las bañeras algo puramente femenino?. 


En la bañera cabe todo: nacimiento, renacimiento, muerte y deseo. Hay momentos felices en los baños de burbujas, como el de Julia Roberts en Pretty Woman o la fantasía egipcia que se imaginan en American Beauty. Mira tú por dónde, los baños de Cleopatra con leche de burra también pertenecen al dominio público como símbolo de sensualidad mitológica. No creo que sea muy habitual bañarse con vino, velas y medio a oscuras, pero en las películas parece de lo más normal y todas las chicas lo hacen, yo pienso que al hacer eso no te puede pasar nada bueno, porque el bajón de tensión puede ser dramático.


En Japón el ofuro es otra cosa, tan rutinario y familiar que se desvincula de toda esta simbología, aunque recuerdo cómo espantaban a los fantasmas gritando desde una en Totoro. Cuando vivía allí visitaba mucho el sento de madrugada: me gustaba flotar mirando el cielo nocturno o recogerme en tinajas idénticas a las de Sakuran. Era allí donde conseguía no oír nada más que las burbujas bajo el agua. 


Sin embargo, a este lado y dado el miserable espacio dedicado a los baños modernos, no nos queda otra que sentir miedo cuando, durante el ritual de la higiene diaria es fácil recordar la escena más famosa que se ha rodado en una ducha. 




28.1.21

Cuatro Jinetes


 


11-S

11-M

11-Fukushima

Coronavirus


De menos a más llegaron los desastres hasta llegar a este, el más largo y tedioso. Un año con los sentidos alerta mirando por la ventana, descubriendo la verdadera ansiedad, sintiendo el mazazo en la cabeza. 

Así, después del pánico inicial y de los sucesivos reajustes mezclados con momentos felices y luminosos, llegan de manera desordenada los recuerdos y los fantasmas que he clasificado como los cuatro jinetes del Apocalipsis y que me visitan desde hace tres meses como consecuencia lógica de los últimos acontecimientos. 


1. The housewife

Como un yôkai funky, Mick Jagger canta en mi oreja aquello de “She goes running for the shelter of her mother's little helper”. A veces encuentro satisfacción en el quehacer diario, en el ciclo mortal de lavadoras, compras, menús, pañales y manchas y pienso en Karate Kid y en la purificación del trabajo. Otras veces, me mareo al ver la pila de ropa por planchar y se me quita el hambre de pensar en las tres comidas diarias y equilibradas que debemos ingerir. Pienso en aquellas mujeres antiguas que tragaban con todo aquello entre el enfado y la resignación, plantando las ropas en el tendido sin mayor expectativa que la de que aguanten un poco más hasta ser lavadas de nuevo. 


2. La crisis

También éste canta una canción: “Bienvenido a los 40, deja ya de llorar”. Silencioso y sin ser notado, me tocó la espalda con sus dedos fríos en mi 40 cumpleaños, mientras bebía una lata de cerveza y miraba por la ventana del patio casi a oscuras. Me veo arrugas, alguna cana. Consulto por internet clínicas estéticas solo por saber que están ahí. 


3. El gato negro

Things get personal at this point of mi bajada a los infiernos. Esta vez, en medio de una tormenta de arena y ya sin música que suavice la imagen, me grita fuerte: “¡Que me dejes en paz!”. Yo le respondo lo mismo, pero luego añado: “¡Que me cures! , ¡Que lo arregles!”. Entonces se sucede en bucle el mantra “por qué, para qué” hasta que me quedo dormida sin haber ganado nada. 


4.El espíritu maligno

De éste no puedo hablar, pero me mira agazapado a los pies del sofá igual que Bob miraba a la madre de Laura Palmer. 


Y así es como, aunque quiera ser Uma Thurman en Kill Bill, me temo que solo soy una pringada. 


21.1.21

Mainichi

 







En mi barrio hay gente que pasea a sus perros vestida de Pedro del Hierro mientras siembran de cacas todas las avenidas. Personas con banderas de España en las muñecas, en las mascarillas y en los retrovisores de sus BMW 4X4 (¿qué significa eso?). Hay niños vestidos como muñecos con polainas y medias hasta las rodillas al estilo de hace dos siglos. Hay árboles raquíticos que me gustaría hacer crecer con poderes que no tengo, árboles que resisten entre restos de plástico a sus pies. 


Pero aquí también vive Frankenstein, un señor de 1'90m con sandalias ortopédicas y ojeras malvas que le llegan hasta las mejillas. Un hombre que saca medio cuerpo por la ventana de su salón a cada rato para mirar al vacío con el ceño fruncido, provocando en mi un sobresalto que empieza a ser rutinario, ya que del susto inicial he pasado a la expectativa de asustarme, como cuando estás en la cumbre de la montaña rusa a punto de caer. En la terraza de al lado vi este verano a un chico flaco con el pelo rubio hasta la cintura beberse una lata de cerveza mientras escuchaba música heavy apoyando su torso desnudo de un pálido enfermizo en una bandera raída de España(la imagen del Apocalipsis). 

En mi barrio las cajeras son alegres y simpáticas. La farmacéutica habla por los codos mientras le grita algo a su marido el tarugo. El frutero agradece que sus dos hijos tengan trabajo. El pescadero se levanta a las 3am y limpia boquerones a la velocidad de la luz. 

Por las mañanas pueden verse cientos de gaviotas planear por el aire caliente (¿qué comerán para seguir aquí?) y , a las cuatro de la tarde, se ven migrar en uves perfectas a otros pájaros (¿a dónde irán si es enero?). Existen lugares silenciosos con casas extrañísimas donde se podría rodar alguna película de misterio o cometerse un crimen del que nadie oiría hablar jamás. Hay también un montículo desde donde se ven pasar los trenes de mercancías y un túnel que desemboca en prados de amapolas mecidas por el ruido de los coches que pasan por la autopista. Al otro lado, en primavera, estallan los almendros como fuegos artificiales. 

Hay un cementerio con un jardincito exterior lleno de cipreses y pequeñas sendas, tiene hasta un pozo. Me gusta imaginar que lo cuida un monje medieval con hábito franciscano y cabeza pelada como en el s.XI. No he entrado nunca porque me gusta dejar algunos lugares por descubrir.